Defender una profesión, y al mismo tiempo decir cuáles son sus principales problemas es una labor de amor. Jorge Lanata ama el periodismo, sabe que es la búsqueda de lo cierto alrededor de un tema, y eso explota su curiosidad y la hace parte de su discurso. Pero no es un hablador cualquiera, no tiene miedo de decir cosas y las pronuncia con la mayor de las tranquilidades, ya sea si habla de que encarnará a un Barton Fink en el nuevo video de Andrés Calamaro o si fustiga a jóvenes que aseguran no tener un medio que se acomode a sus intereses y les exige que sean ellos mismos los que generen ese medio de comunicación.
Quizás esa fue la necesidad que lo llevó a fundar con 26 años el diario Página 12. Y tal vez sea ese el espíritu que intentó expandir en su charla magistral, que se convirtió en un coloquio divertido, lleno de sonrisas y de cuestionamientos a la profesión.
El auditorio de la Cámara de Comercio empezó a llenarse de a poco: estudiantes de periodismo, algunos profesionales en todas las ramas de la carrera, maestros, curiosos, directores de facultades, etc… La idea ese centraba en escuchar las palabras de alguien que es considerado uno de los mejores periodistas de la región, quien se iba a tomar la molestia de hablar sobre el periodismo y, por sobre todo, dar ciertos consejos para la práctica.
Esa práctica que significa transformarse en un periodista que haga bien su trabajo, más allá de los fuegos de artificios que hoy en día rodean a la puesta en escena de un espacio radial, televisivo y gráfico, en los cuales lo más importante parece ser la búsqueda de fama. La idea central está en la responsabilidad de hacer el trabajo como debe hacerse, algo para lo que Lanata no hay otra explicación. Por eso habla de tautologías al referirse a términos como ‘periodismo de investigación’ o ‘periodismo independiente’. Para él simplemente no existe otra forma de hacer periodismo y si aquello que se publica no tiene sustento, pues simplemente no puede ser periodismo. Ese ‘sustento’ va de la mano de lo intrínseco para el día a día: la independencia y la investigación.
“Yo soy periodista por que no sé”, comentó durante los primeros minutos, en los que se dedicó a explicar los peligros, problemas, dificultades y ventajas de la práctica profesional hoy en día. Ese desconocimiento es lo que marca la diferencia, lo que genera y determina la curiosidad necesaria para hacer de una actividad, como la que le atañe al argentino, algo que roce lo rebelde, lo ‘subversivo’ (“preguntar es una manera de desobedecer”, dijo). Y Lanata lo es mientras habla. Sus frases estallaron frente a un auditorio que en muchas ocasiones reaccionó con la carcajada, quizás también por el enfrentamiento ante una persona que dijo lo que dijo sin temores.
En un acto organizado no solo por FUNDAMEDIOS, sino por la Universidad Internacional SEK y la misma Cámara de Comercio, Lanata afirmó que las universidades suelen transmitir conocimientos muertos y que ese tipo de estudio no da cuenta de nada. “La persona que se siente recibida (refiriéndose a los periodistas graduados) es una idiota. Uno va a estudiar toda la vida… A escribir bien se aprende, lo que no se aprende es a decir algo”. Decir algo está en función del lector y Lanata dio un consejo importante, un truco: Al leer una nota, “¿me pregunto si me acuerdo de ella? Si me acuerdo de algo… estaba bien. Pero si solo me acuerdo de una impresión, un perfume, algo estaba mal”. Por eso manifestó la importancia de la sensibilidad, de ser capaces de sentir el entorno, algo básico para el periodista.
¿Y cómo desarrollar la sensibilidad? Respuesta complicada, tomando en cuenta las dificultades que presenta la profesión: “Se lee poco, no hay preocupación estética por escribir…”, fue una de las sentencias del periodista, que como fiel representante de la raza de los que cuestionan, se preguntaba, ¿por qué se firman todas las notas?, ¿por qué están siempre llenas las redacciones?, ¿por qué se enseña a los chicos a hacer editoriales desde las facultades?, etc…
“Que un estudiante haga opinión es una locura”, expresó. Lanata es creyente de los procesos largos como esos procesos de verdaderos desarrollos.
Importante: No hay que confundir los géneros y escudarse en ellos para justificar lo que sea. “En una columna de opinión tiene que haber información, sino ¿de qué opino?”, la manera de contrarrestarlo es sencilla, encontrar un dato en cada párrafo, como una real expresión de quien opina.
Lanata tiene esas ideas sobre la profesión bien claras y contundentes. Habla desde la no prohibición estatal de los medios, desde la no censura del poder. No está de acuerdo con ella, no cree en ella, “prefiero darle a la gente la posibilidad de leer más cosas”. Pero sí cree en la censura del público, del lector, del televidente y del que escucha la radio. “La gente no es tonta y no debemos estar protegiendo a todo el mundo”. Y las preguntas de los asistentes jugaron a la insistencia en ese sentido. ¿Qué hacer cuando hay medios que no cumplen su trabajo y responden a otros intereses? “No los veas”. ¿Pero qué hay si otra gente los lee? “Pues habla con ellos y convéncelos”. Lanata ha sido considerado de izquierda en Argentina (gracias a sus proyectos periodísticos), pero el sentido común le gana y así no hace reconocimientos de ideologías como la base de la profesión. Todo es un asunto de observar y percibir las cosas como son.
Al final, luego de la polémica por el uso de la comunicación o no para los intereses sociales y estatales, y después de que el Consejo Metropolitano de Quito lo declarara Huésped Ilustre (de la mano del concejal Gonzalo Ortiz), Lanata sonrío, bajó del escenario, hizo notas para la tv, se tomó fotos con niños y firmó libros… La fama surge a veces, pero si no es el horizonte de un profesional, quizás ahí no haya problemas con ella.
Instantes en que el concejal Gonzalo Ortiz declaraba Huésped Ilustre a Jorge Lanata